España ha avanzado en la reducción del desperdicio alimentario, pero los últimos datos muestran que todavía queda mucho camino por recorrer. El Informe del Desperdicio Alimentario en España 2025 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y el Barómetro del Desperdicio Alimentario de AECOC–Phenix ofrecen dos perspectivas complementarias para entender dónde estamos y, sobre todo, cuáles son los próximos retos.

El dato más positivo es claro: el desperdicio alimentario se ha reducido de forma significativa en los últimos años. Sin embargo, esta evolución también pone de manifiesto un nuevo desafío: conseguir que los buenos hábitos se conviertan en prácticas cotidianas y evitar que los alimentos lleguen a estropearse en nuestros hogares.

El desperdicio alimentario se reduce, pero no desaparece

Según el informe del MAPA, en 2025 se desperdiciaron en España 1.129,9 millones de kg/l de alimentos y bebidas, una cifra cercana a un 20% inferior a la registrada en 2020.

La evolución es positiva, pero el ritmo de reducción también invita a mirar con más detalle qué está ocurriendo.

Y ahí aparece uno de los datos más relevantes: los hogares concentran el 97,5% del desperdicio alimentario.

Esto significa que una parte fundamental de la solución pasa por ayudar al consumidor a planificar mejor, conservar adecuadamente los alimentos y aprovechar aquello que ya tiene en casa.

El Barómetro Phenix 2026 aporta precisamente esa perspectiva: entender los hábitos, motivaciones y dificultades de los consumidores españoles a la hora de evitar el desperdicio. El estudio se realizó sobre una muestra de 1.008 responsables de compra de alimentación en el hogar.

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ES BARÓMETRO DESPERDICIO ALIMENTARIO 2025

Frutas y verduras: los alimentos que más se desperdician

Los dos estudios coinciden en señalar a frutas y hortalizas como uno de los principales focos del desperdicio alimentario en los hogares.

Frutas y hortalizas como uno de los principales focos del desperdicio alimentario en los hogares.

El Barómetro AECOC – Phenix sitúa las frutas y hortalizas como los alimentos que más se tiran, con un 33%, claramente por encima del resto de categorías.

El motivo tiene mucho que ver con la conservación. El 39% de los consumidores señala que tira un producto porque está en peores condiciones —por ejemplo, seco, duro o demasiado maduro—, mientras que un 30% apunta al deterioro provocado por una mala conservación.

Por tanto, reducir el desperdicio no consiste únicamente en comprar menos. También implica saber conservar mejor lo que compramos y consumirlo en el momento adecuado.

El gran enemigo: olvidar lo que tenemos en casa

Uno de los datos más reveladores del Barómetro es que el 54% de los consumidores afirma que se olvida de algunos alimentos en la nevera o la despensa y, cuando vuelve a necesitarlos, ya se han pasado.

Es un problema aparentemente sencillo, pero con una consecuencia importante: alimentos que todavía podrían haberse consumido terminan convirtiéndose en desperdicio.

También encontramos una segunda dificultad: la planificación. Un 21% reconoce que tira comida porque no calcula bien las cantidades cuando prepara las comidas y le sobra.

Esto apunta hacia un cambio importante en la conversación sobre desperdicio alimentario. La concienciación es necesaria, pero facilitar el aprovechamiento también lo es.

En este sentido, la conservación y el almacenamiento son algunas de las causas habituales del desperdicio, junto con los productos olvidados en la nevera y las fechas de caducidad o consumo preferente.

De la concienciación a las soluciones

El consumidor parece estar cada vez más dispuesto a adoptar comportamientos que contribuyan a reducir el desperdicio.

Por ejemplo, el 69% afirma planificar las compras en función del menú semanal, el 64% congela los productos antes de que caduquen o se estropeen y el 56% revisa qué productos tiene en la despensa antes de comprar.

También existe un creciente interés por aprovechar las sobras: el 48% afirma que le gusta probar recetas nuevas con los alimentos que tiene en la nevera.

Sin embargo, todavía existe una oportunidad clara. El 31% reconoce que termina tirando las sobras que había guardado porque se han estropeado.

La conclusión es evidente: no basta con querer aprovechar los alimentos; hay que poner herramientas y soluciones al alcance del consumidor para que pueda hacerlo fácilmente.

Del consumidor a las empresas: facilitar el aprovechamiento

El cambio de hábitos también necesita el apoyo de toda la cadena alimentaria.

En Phenix trabajamos precisamente para ayudar a las empresas a gestionar y valorizar sus excedentes alimentarios y no alimentarios, reduciendo pérdidas y aumentando el aprovechamiento de los recursos.

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La distribución también puede ayudar a reducir el desperdicio

El desperdicio alimentario no es únicamente una cuestión doméstica. Los consumidores también esperan que supermercados, fabricantes y establecimientos de restauración faciliten el aprovechamiento.

De hecho, el 59% afirma que saber que una tienda realiza iniciativas para prevenir el desperdicio puede influir en su elección del establecimiento.

Entre las medidas que más valoran los consumidores en las tiendas destacan los descuentos en productos próximos a caducar (68%), el envasado al vacío (58%), la venta a granel, al peso o al corte (56%) y la posibilidad de adaptar mejor los formatos a las necesidades de cada hogar.

Los productos próximos a su fecha de caducidad ofrecen, además, una oportunidad para unir dos objetivos: evitar que un alimento termine desperdiciado y ofrecer al consumidor una opción de compra más económica.

El 83% de los consumidores encuestados afirma comprar productos a precios reducidos por su proximidad a la fecha de caducidad.

En el caso de la distribución, Phenix ayuda a supermercados e hipermercados a gestionar sus excedentes mediante diferentes vías de valorización, como la venta a precio reducido y las donaciones a asociaciones.

Y fuera de casa, también estamos cambiando

El aprovechamiento también está ganando terreno en la restauración.

El Barómetro muestra que el 58% de los consumidores solicita llevarse la comida sobrante de un restaurante, siempre o a veces, frente al 42% registrado en 2016.

Es una evolución significativa porque demuestra que pequeños cambios en los hábitos cotidianos pueden contribuir a reducir el desperdicio.

Los consumidores también valoran que los restaurantes ofrezcan recipientes para llevar la comida sobrante: es la medida más apoyada entre las propuestas analizadas, con un 63%.

Pero la prevención también puede comenzar antes de que el alimento llegue al consumidor. Para empresas de restauración, distribución y alimentación, existen diferentes vías para gestionar y valorizar los excedentes alimentarios.

El próximo paso: hacer fácil el aprovechamiento

Los datos del MAPA muestran que España ha avanzado en la reducción del desperdicio alimentario. El Barómetro AECOC–Phenix ayuda a entender qué hay detrás de ese avance y cuáles son los obstáculos que todavía permanecen.

La fotografía que dejan ambos estudios es positiva, pero también plantea un reto.

El siguiente gran paso no pasa únicamente por concienciar al consumidor, sino por hacer que aprovechar los alimentos sea cada vez más fácil.

Mejor información, formatos adaptados, conservación adecuada, descuentos por pronta caducidad, recetas para aprovechar las sobras, opciones para llevar la comida no consumida o herramientas que ayuden a planificar la compra son algunas de las soluciones que pueden contribuir a cerrar la brecha entre la intención y el comportamiento.

Porque reducir el desperdicio alimentario no depende de una única decisión. Depende de toda una cadena de pequeños gestos y de que consumidores y empresas tengan las herramientas necesarias para convertirlos en hábitos.

Y si la última década ha demostrado que es posible avanzar, el reto de los próximos años será conseguir que ese avance llegue todavía más lejos.

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O, si quieres conocer mejor el comportamiento de los consumidores:

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