Reducir el desperdicio alimentario es un reto que implica a toda la cadena de valor. Y aunque buena parte de la conversación se centra en cómo mejorar los procesos dentro de la industria o la distribución, existe otro punto clave: ayudar a que el consumidor entienda correctamente la información que recibe sobre la vida útil de los alimentos.
No se trata de trasladar la responsabilidad al consumidor. Al contrario: para las empresas del sector, mejorar la comprensión de las fechas de caducidad y de consumo preferente representa una oportunidad para actuar sobre uno de los últimos eslabones de la cadena y evitar que alimentos que todavía pueden aprovecharse terminen innecesariamente en la basura.
Los datos muestran la dimensión del reto. Según el Informe del Desperdicio Alimentario en España 2025 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), en 2025 se desperdiciaron en España 1.129,91 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas, dentro y fuera del hogar. De ellos, 1.101,8 millones de kilos o litros correspondieron al desperdicio doméstico, que representa el 97,5% del total.
El desperdicio doméstico representa el 97,5% del total.
Además, los alimentos y bebidas sin utilizar constituyen una de las principales fuentes de desperdicio en los hogares. El propio MAPA señala, entre las medidas de prevención, la importancia de mejorar la planificación, la conservación de los alimentos y la atención a las fechas que aparecen en el etiquetado.
Esto convierte la información sobre la vida útil en una cuestión relevante no solo para los hogares, sino también para fabricantes, distribuidores y retailers.
Fecha de caducidad y fecha de consumo preferente: ¿cuál es la diferencia?
Una de las claves para prevenir el desperdicio alimentario está en diferenciar correctamente ambos conceptos.
La fecha de caducidad se utiliza en alimentos microbiológicamente muy perecederos y está relacionada con la seguridad alimentaria. Una vez superada esa fecha, el alimento no se considera seguro para su consumo.
La fecha de consumo preferente, en cambio, indica hasta cuándo el alimento conserva sus propiedades específicas cuando se almacena correctamente. Una vez superada, el producto puede haber perdido determinadas características de calidad, como sabor o textura, pero puede seguir siendo apto para el consumo siempre que se hayan respetado las condiciones de conservación y el envase no esté dañado.
Así lo explica la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) en su información sobre la diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente.
Esta diferencia es fundamental porque una interpretación incorrecta de las fechas puede provocar que un producto sea descartado cuando todavía puede tener una oportunidad de consumo.
Para las empresas alimentarias, por tanto, trabajar sobre la claridad de esta información forma parte de una estrategia más amplia de prevención del desperdicio.
La industria tiene un papel clave en la definición de la vida útil
La prevención del desperdicio comienza mucho antes de que el producto llegue al lineal.
La definición de la vida útil y la elección de la fecha que debe aparecer en el envase son decisiones especialmente relevantes para la industria alimentaria. La AESAN señala que el operador de la empresa alimentaria —normalmente el fabricante o productor— es responsable de decidir si corresponde utilizar una fecha de consumo preferente o una fecha de caducidad y de establecer la duración de la vida útil del producto, dentro del marco normativo aplicable.
Esto implica que la prevención del desperdicio puede abordarse desde diferentes puntos: desde el diseño del producto y el envase hasta la determinación de la vida útil, las condiciones de conservación, la planificación de la producción y la coordinación con la distribución.
El Informe del Desperdicio Alimentario en la Industria y la Distribución en España 2024 del MAPA muestra precisamente que los problemas relacionados con las fechas de caducidad o consumo preferente son una cuestión relevante para las empresas del sector.
En la industria, estos problemas son señalados por el 25,2% de las empresas entre las causas de desperdicio. En la distribución, el porcentaje asciende al 52%, situándose entre los principales factores identificados. Enlace al informe del MAPA sobre industria y distribución
La cuestión, por tanto, no termina cuando el producto sale de fábrica.
El papel del retail: actuar antes de que el producto se convierta en desperdicio
El retailer ocupa una posición especialmente relevante porque conecta al fabricante con el consumidor y tiene capacidad para actuar sobre el producto durante su permanencia en el punto de venta.
La gestión de inventarios, la rotación, la visibilidad del producto y la identificación de aquellos artículos cuya fecha se aproxima pueden marcar la diferencia entre vender un alimento y convertirlo en un excedente.
Los datos del MAPA son significativos: el 52% de las empresas de distribución identifica los problemas relacionados con las fechas de caducidad o consumo preferente como causa de desperdicio. Consultar el informe completo del MAPA
Esto pone de manifiesto la importancia de contar con procesos y herramientas que permitan detectar con suficiente antelación qué productos necesitan una actuación específica.
Y aquí aparece una oportunidad especialmente interesante: la venta de productos próximos a su fecha a precio reducido.
Los descuentos por pronta caducidad pueden prevenir el desperdicio
Los consumidores ya muestran una elevada aceptación de este tipo de iniciativas.
Según el Barómetro de Desperdicio Alimentario AECOC–Phenix 2025, el 83% de los consumidores compra productos a precios reducidos por pronta caducidad.
El dato demuestra que los productos próximos a su fecha no tienen por qué convertirse automáticamente en desperdicio. Con la estrategia adecuada, pueden encontrar un comprador y mantener su valor dentro de la cadena alimentaria.
Además, el mismo Barómetro señala que los descuentos en productos a punto de caducar son la iniciativa más valorada por los consumidores entre las propuestas para las tiendas, con un 68%. También aparecen otras medidas como el envasado al vacío y la venta a granel o al peso.
Para el retailer, esto significa que la prevención del desperdicio puede integrarse en la propia gestión comercial del establecimiento.
No se trata simplemente de «rebajar productos». Se trata de identificar aquellos alimentos que necesitan una actuación, determinar cuándo aplicar el descuento y facilitar que lleguen al consumidor antes de que termine su vida comercial.
La tecnología puede desempeñar aquí un papel importante, permitiendo automatizar la identificación de productos próximos a su fecha, establecer descuentos según la proximidad de la fecha y facilitar el seguimiento de los resultados.
La información también determina la confianza del consumidor
La existencia de descuentos no siempre es suficiente.
Según el Barómetro AECOC–Phenix, entre los consumidores que no compran productos con fecha de caducidad próxima a precio reducido, la principal barrera es la duda sobre su frescura o calidad, señalada por el 42%. También aparecen como obstáculos la duda sobre la seguridad, los descuentos poco atractivos y las fechas o el etiquetado poco claros.
Por eso, mejorar la comunicación alrededor de las fechas puede ser tan importante como activar el descuento.
De hecho, cuando se pregunta a los consumidores qué medidas podrían incrementar la compra de productos de pronta caducidad, aparece entre las respuestas la necesidad de ofrecer información clara sobre la diferencia entre caducidad y consumo preferente, además de una mejor señalización en el lineal y descuentos escalonados según la proximidad de la fecha.
La conclusión es clara: precio e información deben ir de la mano.
También existe una oportunidad para los fabricantes
La responsabilidad no recae únicamente en la distribución.
El Barómetro AECOC–Phenix muestra que el 62% de los consumidores considera que una información más clara y visible sobre la fecha de consumo preferente y la fecha de caducidad sería una medida útil por parte de los fabricantes.
Para la industria, esto abre diferentes líneas de trabajo: mejorar la visibilidad de las fechas, facilitar su interpretación, revisar el diseño del etiquetado y comunicar de forma más clara las condiciones de conservación.
Todo ello debe hacerse, por supuesto, dentro de los requisitos de seguridad alimentaria y etiquetado aplicables.
La propia AESAN recuerda que la vida útil está estrechamente relacionada tanto con la seguridad como con la calidad del alimento, y que su determinación debe apoyarse en las condiciones específicas del producto.
Una responsabilidad compartida en toda la cadena alimentaria
La lucha contra el desperdicio alimentario no depende de un único actor.
La industria define y comunica la vida útil del producto. La distribución gestiona su almacenamiento, rotación y comercialización. El retailer tiene además la capacidad de actuar sobre el producto cuando se aproxima su fecha. Y el consumidor toma finalmente la decisión de compra, conservación y consumo.
Cada eslabón tiene herramientas diferentes.
Por eso, hablar de fechas de caducidad y consumo preferente no debería plantearse únicamente como una cuestión de educación del consumidor. Para las empresas alimentarias es también una cuestión de gestión de la vida útil, planificación, rotación, comunicación y aprovechamiento del producto.
Y los datos muestran que existe margen para actuar.
En los hogares españoles todavía se desperdician más de 1.100 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas al año. El MAPA señala además la importancia de mejorar la conservación, la planificación y la atención a las fechas del etiquetado para seguir reduciendo este desperdicio.
Del etiquetado a la acción: prevenir antes de desperdiciar
Entender mejor la diferencia entre fecha de caducidad y consumo preferente es importante, pero no debería ser el último paso.
Para fabricantes y retailers, el verdadero reto está en utilizar esa información para actuar con antelación.
Identificar los productos próximos a su fecha, mejorar su visibilidad, aplicar descuentos cuando corresponda, ajustar la estrategia de rotación y facilitar su salida son acciones que pueden evitar que alimentos perfectamente aprovechables terminen convirtiéndose en desperdicio.
En este contexto, la tecnología puede ayudar a convertir la prevención en un proceso más sistemático: detectar, decidir, activar y medir.
Porque reducir el desperdicio alimentario no consiste únicamente en gestionar mejor aquello que ya no se puede vender. Consiste, sobre todo, en actuar antes de que un alimento pierda su oportunidad de llegar al consumidor.
Y ahí fabricantes, distribuidores y retailers tienen una capacidad de actuación decisiva.
Fuentes y datos
- Informe del Desperdicio Alimentario en España 2025 — MAPA
- Informe del Desperdicio Alimentario en la Industria y la Distribución en España 2024 — MAPA
- Información sobre fecha de caducidad y consumo preferente — AESAN
- Portal de desperdicio alimentario — MAPA
- Barómetro de Desperdicio Alimentario AECOC–Phenix 2025